30 de junio de 2014

Se acercó a mí, platicamos, empatizamos. Un día de pronto me di cuenta que sus buenos días eran lo que me hacía despertar feliz cada mañana, que sus ‘hola princesa’ ejercían tal poder en mí que tuve miedo, quise huir. Él me convenció de que en sus brazos estaría segura. Lo cumplió, vaya que lo cumplió, sus brazos fueron los más cálidos, sus besos los más dulces, sus manos expertas, las más tiernas. Besó una a una mis heridas, secó mis lágrimas tantas veces, restauró mi corazón. Tal vez que alguien más necesita ahora de su botiquín de primeros auxilios, no sé, lo único que sé es que un cariño así es una oferta que no se puede rechazar, sí alguien llega a tu puerta con una propuesta así, tómala sin dudarlo, no te arrepentirás.