12 de abril de 2014

Me deshojaste como una margarita, fuiste matándome pétalo por pétalo, me mutilaste sin sentir remordimiento. En el primer pétalo te llevaste mi amor; en el segundo te llevaste mis sueños, en el tercero te llevaste mi esencia, cuando quitaste el cuarto ya estaba medio muerta; la vista se me nubló, estuve a punto de quedar inconsciente, pero el dolor me despertó de golpe, arrancaste varios pétalos de un solo tirón; sin piedad llegaste al último, ese pétalo contenía todas mi lágrimas, lo desprendiste de mí suavemente, me dejaste seca, marchitada. Ya casi muerta, aprovecho las últimas gotas saladas que me mantienen con vida, para comprender porque fuiste tan cruel. Y en las últimas exhalaciones llega el perdón pero no la comprensión.