Si tuviera que elegir cómo sería lo nuestro, sin duda alguna pediría que fuera como el ciclo del agua: Que repentinamente caiga en forma de lluvia sobre mi cabeza y me empape desde el cuerpo hasta el alma. Que se vaya al mar lentamente hasta perderse en sus aguas, para luego ascender a los cielos y se forme en las nubes. Que viaje durante días y noches sólo para alcanzar las altas y blancas montañas, en donde se cristalice para luego nuevamente deshacerse dulcemente. Que se cuaje y encuentre su esencia en el cauce de los ríos y lagos mientras desciende, tan sólo para llegar a mi boca, saciar mi sed y permitir que siga vivo.
Si tuviera que elegir cómo sería lo nuestro, sin duda alguna pediría que fuera como el ciclo del agua; diariamente, interminablemente, inagotablemente.